domingo, 4 de enero de 2015

Anthony Giddens y la codependencia

En realidad el título vino en este momento. La intención original de este post era compartir el texto académico sobre la codependencia desde la perspectiva de Giddens en su libro sobre la transformación de la intimidad (1992). Después terminé pensando que reflexionar sobre la utilidad que esa reseña crítica tiene con mi proyecto de investigación, o incluso para este mismo blog, debía ser, al menos ligeramente, capturado en esta publicación.

La transformación de la intimidad (1992) fue mi primer acercamiento con Giddens y ahora pienso que trabajaré en mi proyecto de investigación cerca de sus teorías y en apoyo de sus textos. La transformación de la intimidad brindó herramientas para considerar a la sexualidad como uno de los elementos a considerar como fundamentales en los procesos de reconstitución familiar. Esto me lleva a hablar de reconstituciones en familias homoparentales o de rupturas conyugales (que se convierten en auténticas reconstituciones potenciales) que ocurren tras el reconocimiento, la reconstrucción o la búsqueda de una nueva sexualidad.

Giddens explica cómo la sexualidad y el concepto de intimidad esculpido por la modernidad y todas sus características se convierte en un elemento central para explicar las relaciones humanas y a la propia familia. En este sentido, la transformación conceptual de aspectos como la sexualidad y la intimidad pueden servir también para abordar el estudio de las reconstituciones familiares que ocurren en nuestra sociedad. De este libro, mi reseña se centra en el capítulo sobre la codependencia y su significado sociológico.

Ficha
Giddens, Anthony. “El significado sociológico de la codependencia” en La transformación de la intimidad: Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas (1992). España: Cátdera, 85-104.
   
Reseña
Anthony Giddens es un psicólogo y sociólogo inglés nacido en 1938. A partir de su teoría de la estructuración, con la que propone conocer, de manera holística, las relaciones entre los individuos y las condiciones que los rodean, Giddens ha contribuido en gran medida a reconfigurar el debate sobre las principales ideas y estructuras políticas de la sociedad moderna.
Su producción académica puede agruparse, por mera utilidad didáctica, en tres grandes etapas: La primera en la que redefine algunos aspectos fundamentales de la teoría social clásica, abordando a los padres fundadores de la ciencia social: Marx, Durkheim y Weber. Entre sus libros más representativos de esta primera etapa pueden señalarse El capitalismo y la teoría social moderna (1971) y Las nuevas reglas del método sociológico (1976).
En su segunda etapa, Giddens desarrolla y consolida su teoría de la estructuración. Ésta percibe al individuo como parte de la estructura social que lo contiene y reconoce que éste condiciona y moldea dicha estructura, a la vez que la propia estructura social moldea la conducta humana. Quizá su texto más representativo de esta etapa sea La constitución de la sociedad (1984).
Una tercera etapa inicia en la década de los noventa con sus obras Consecuencias de la modernidad (1990), Modernidad e identidad del yo (1991) y La transformación de la Intimidad (1992). En este periodo Giddens se centra en analizar las consecuencias de la modernidad sobre las relaciones sociales, además de que construye su concepto de intimidad a partir de estos textos, en los cuales va ampliando y profundizando el significado y alcances de este concepto (Guevara, 2007).
La transformación de la intimidad; sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas (1992) es un encuentro con el rostro detrás de las relaciones de las sociedades modernas. Infidelidad, codependencia, pasión, sexualidad y amor en sus múltiples formas. El libro consta de diez capítulos, de los cuales “El significado sociológico de la codependencia” es su capítulo sexto. Pero, ¿cómo llegar a hablar Giddens de la codependencia en un trabajo sobre la intimidad?
El propósito inicial del libro pretendía girar en torno al fenómeno de la revolución sexual. Sin embargo, éste se encuentra permanentemente condicionado a múltiples factores sociales, biológicos y culturales. “Me puse a escribir sobre sexo, y me encontré escribiendo también sobre amor y sobre los comportamientos específicos de los hombres y de las mujeres” (Giddens, 1992: 11).
            “La codependencia se ha convertido en un lugar común de la literatura terapéutica” (Giddens, 1992: 85). Ésta no se limita únicamente a las mujeres, aunque describe mayormente lo que alguna vez fue identificado como “el papel de la mujer en la sociedad”. Las relaciones íntimas y amorosas en las sociedades modernas están llenas de dinámicas de codependencia que ocurren, incluso, sin que seamos conscientes de ellas. Ahora bien, para abordar el tema de la codependencia es necesario identificar qué es, cómo la percibimos y cómo se manifiesta en las sociedades modernas.

1.- La naturaleza de la codependencia
El término “codependiente” surge a partir del contexto de los individuos en proceso de rehabilitación en su lucha contra el alcoholismo. En los primeros grupos de alcohólicos se descubrió que en el alcohólico, no sólo su adicción química a la bebida lo hace depender de ella, sino que son también sus propias relaciones personales e íntimas las que actúan como facilitadores de las dinámicas codependientes. No sólo afecta al alcohólico el ambiente familiar o doméstico en el que se desenvuelve; la dependencia del alcohólico a la bebida, afecta también el propio ambiente doméstico y las relaciones que en él se suscitan. Los sujetos alrededor del alcohólico se vuelven “dependientes de la dependencia del adicto” (p.86).
El término que originalmente se acuñó para referirse a estos sujetos fue el de “capacitador”, que fue sustituido por el de “codependiente” cuando se evidenció clínicamente que éste podría sufrir, tanto o más, que la persona con dependencia química.
            Giddens define a una persona codependiente como “alguien que, para reforzar cierto sentido de seguridad ontológica, necesita otro individuo o conjunto de individuos para definir qué es lo que él o ella desean” (p. 87). Una relación codependiente sería aquella en la que una persona queda ligada a otra -su amante, su madre, su hijo, su jefe o algún amigo- por medio de la cual define y determina el propio sentido de su existencia. En una relación codependiente se es, en función del otro.
En estas relaciones, definidas por Giddens como relaciones fijadas, destaca la importancia de que en ellas se producen hábitos en el comportamiento social. Estas prácticas de codependencia social: 1) no permiten el control de la relación entre el yo y el otro; 2) sumergen la identidad del yo, en el otro o en rutinas fijadas; 3) inhiben la apertura hacia el otro, fundamental para la construcción de la intimidad; y 4) tienden a preservar la desigualdad en los roles de género y las prácticas sexuales (Giddens, 1992: 88).
De igual manera, estas relaciones impiden la exploración reflexiva del ser, atan la satisfacción del individuo a una imagen simbólica del otro, a un “becerro de oro” que constituye la base de todo sentido individual y social.
A través del trabajo terapéutico desarrollado  principalmente por Susan Forward, se sabe que el tratamiento de la codependencia es similar al que se utiliza para tratar el alcoholismo. El reconocimiento del problema y la exploración reflexiva del yo permiten al paciente reaccionar ante la situación y “hacer algo al respecto”.

2.- La adicción y el problema de la intimidad
Identificar los factores que contribuyen a la codependencia en el ser humano es bastante complejo, sobre todo si se toma en cuenta que ésta, como lo expresa el propio Giddens, está más vinculada a un tipo específico de personalidad, más que a una relación en particular.
Por tanto, las actividades en los círculos de autoayuda encaminadas a tratar la codependencia implican abstraerse del círculo que la origina, un proceso que conduce al yo y su reflexividad.

3.- Intimidad, parentesco y paternidad
La expresión de la intimidad adquiere especial relevancia cuando una pareja se consolida como una familia y establece lazos, al menos en apariencia sólidos, a través de relaciones duraderas. Las dinámicas que se dan al interior de un núcleo familiar son dominadas por luchas, en ocasiones inconscientes, en la búsqueda de poder.
Las dinámicas a través de las cuales se asume -tanto en hombres como en mujeres- que las actividades de la mujeres deben circunscribirse a las labores del hogar y la crianza de los hijos, mientras que las de los hombres pueden ser de libre elección y se basan, fundamentalmente, en su rol de proveedor en el hogar, constituyen formas de expresión de los hábitos codependientes. Estos hábitos desempeñan un papel esencial para la estabilidad de la propia familia, el desarrollo de la personalidad y la crianza de los hijos.
Los estragos que genera la codependencia afectan, por igual, a familias intactas y a familias denominadas por Giddens “recombinantes”, así como a cualquier otra forma de organización familiar o grupal. La figura de los padrastros y las madrastras, por ejemplo, son elementos que ramifican el parentesco entre los individuos de una comunidad y complejizan las relaciones familiares y la forma en que éstas son concebidas. Así pues, la calidad de estas relaciones familiares será la base para la consolidación de la confianza entre los miembros de un grupo, fundamental para la exploración reflexiva del yo y la construcción de la propia intimidad.

4.- Padres e hijos
En la intimidad de los hogares de las sociedades modernas, las relaciones de poder ocurren no sólo entre los miembros de la pareja sino, a la vez, también entre padres e hijos. En un ejercicio practicado por la terapeuta Susan Forward sobre Nicki, una mujer joven que había tenido dificultades en su matrimonio, se pretendió “regresar a liberar el pasado” para conciliar las antiguas experiencias que pudiesen limitar la realización efectiva del yo, tan relevante para el logro de la intimidad.
Ya que Nicki se sentía molesta y humillada en su propia relación, el terapeuta le pidió que recordase incidentes de su infancia que le hiciesen sentirse de forma semejante. Nicki recordó uno en particular asociado con la influencia que ejercía su padre sobre ella. “Su padre deseaba que ella tocase bien el piano y aunque ella no estaba interesada en ello, luchó duramente para agradarle. Cuando tocaba para otras personas, sentía mucha ansiedad y su nivel bajaba. En un recital se puso tan nerviosa que omitió toda una sección que debía ejecutar. En el camino de regreso a casa, tras el recital, su padre le dijo que después de este desastre no sabía cómo podría ser capaz en lo sucesivo de mirar a la cara a los espectadores” (p. 96).
La destrucción de la confianza  y la seguridad ontológica de la pequeña Nicki, no obstante que ésta haya sido o no a propósito o con maligna intención, repercutió en la construcción de la intimidad y, eventualmente, en el pleno desarrollo de las relaciones adultas de Nicki.
La terapeuta le pidió imaginar que su padre estaba sentado en un sillón frente a ella y que le dijese las cosas que ella siempre había deseado decirle. El resultado fue explosivo. Nicki evacuó el resentimiento reprimido que guardaba hacia su padre: “¿Cómo te atreves a tratarme así? ¡Hijo de puta! Yo hubiera hecho lo que fuera por conseguir que tú me quisieses un poco” (p. 96).
La revisión de este caso clínico sirve para ejemplificar el viaje psicológico que implica el reajuste emocional y cognitivo del pasado y la reescritura en la comprensión del yo. Por tanto, el reconocimiento de la intimidad representa aquí un elemento imprescindible en la construcción de relaciones armónicas, libres de la pesada carga de la codependencia y alejadas de las constantes luchas de poder que sólo refuerzan la dicotomía entre los roles de género.

5.- ¿Padres tóxicos?
La afirmación, aunque envuelta en signos de interrogación, es una severa crítica al ejercicio de la parentalidad predominante en las sociedades modernas. En efecto, lo que sucede en la niñez de los individuos condiciona el ejercicio de la ciudadanía de todos los sujetos. Y, por supuesto, nadie está exento de saltarse esta etapa. En este sentido, concebir la infancia como “algo que prepara a alguien para una participación ulterior más autónoma en el mundo de los adultos” (p. 99) adquiere relevancia mayúscula cuando de parentalidad se trata.
A lo que Giddens se refiere cuando habla de padres tóxicos es al alto grado de daño que pueden causar en el desarrollo de la personalidad de sus hijos. “Los padres tóxicos tienden a ver la rebelión e incluso las diferencias individuales como un ataque personal; se defienden a sí mismos mediante el refuerzo de la dependencia a sus hijos y la desprotección; en lugar de promover un desarrollo sano, lo zapan inconscientemente, muchas veces con la creencia de que están actuando por el bien de sus hijos” (p. 100).
Existe una gran variedad de padres tóxicos, identificados por Forward y rescatados a este texto por Giddens. En un primer grupo podemos ubicar a los “emocionalmente inadecuados”, padres que no han sabido educar a sus hijos y que se han desentendido de las responsabilidades inherentes a su parentalidad; y a los padres controladores, en los que los sentimientos y las necesidades del hijo están subordinados a los deseos del padre.
Otro rubro comprende los tipos más brutales de toxicidad parental: agresores físicos, verbales y sexuales. Generalmente padres con problemas de ira, consumo de drogas o alcohol y una profunda lista de perversidades que los hace atentar contra la propia integridad física y sexual de sus descendientes.
Las relaciones personales y, fundamentalmente, las relaciones familiares, influyen de manera decisiva en la construcción de la personalidad de todos los sujetos. Una percepción mutilada de la intimidad, del amor o de la confianza, puede acrecentar el vacío de seguridad ontológica en los adultos de las sociedades modernas. Por ello, el reconocimiento del yo y la experiencia de la intimidad son procesos que, tanto en la etapa de la niñez como en las relaciones de la vida adulta, se construyen constantemente.
La intimidad no es una expresión inmutable del ser, ni tampoco un acontecimiento que ocurre una única vez en la vida. Su transformación en los escenarios de la modernidad está directamente ligada a la percepción que mujeres y hombres tienen sobre el amor, el matrimonio, la familia. Así, la codependencia es tan sólo una de las formas mal logradas en que esta intimidad, la sexualidad o el amor se expresan.


En La transformación de la Intimidad, Giddens introduce el tema de la familia como un espacio de relaciones esencialmente íntimas, dejando atrás la percepción de la intimidad como exclusiva de las relaciones eróticas o de amistad.
Ya que la intimidad implica la construcción de la autonomía, la reciprocidad y el equilibrio de poderes entre hombres y mujeres, se vuelve indispensable establecer, en estas relaciones personales, lazos de unión, apertura, confianza y sensibilidad que permitan el equilibrio entre dos o más sujetos autónomos. “Las relaciones de intimidad son, por lo tanto, la antítesis de las relaciones adictivas, codependientes o individualizadas que la modernidad también promueve” (Guevara, 2007: 269).
La intimidad se construye y, en el entretejido de las relaciones íntimas, las prácticas y los discursos sobre sexualidad, amor, matrimonio y familia se vuelven esenciales en la formación de la propia identidad. La revisión de la codependencia constituye, pues, un enfoque para entender en términos sociales la expresión de las relaciones en las sociedades modernas.



Bibliografía

Giddens, Anthony (1992). “El significado sociológico de la codependencia” en La transformación de la Intimidad: Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas. España: Cátdera, 85 – 104. 

Guevara Ruiseñor, Elsa S. (2007) “Intimidad. Los vínculos amorosos y los desafíos de la modernidad” en Sociología y cambio conceptual: De la burocracia y las normas al cuerpo y la intimidad. México: Siglo XXI Editores, 248 – 290. 

Texto original
09 de septiembre de 2014
Colima, Col. 
Miguel Aram Martínez Guzmán   

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