La transformación de la intimidad (1992) fue mi primer acercamiento con Giddens y ahora pienso que trabajaré en mi proyecto de investigación cerca de sus teorías y en apoyo de sus textos. La transformación de la intimidad brindó herramientas para considerar a la sexualidad como uno de los elementos a considerar como fundamentales en los procesos de reconstitución familiar. Esto me lleva a hablar de reconstituciones en familias homoparentales o de rupturas conyugales (que se convierten en auténticas reconstituciones potenciales) que ocurren tras el reconocimiento, la reconstrucción o la búsqueda de una nueva sexualidad.
Giddens explica cómo la sexualidad y el concepto de intimidad esculpido por la modernidad y todas sus características se convierte en un elemento central para explicar las relaciones humanas y a la propia familia. En este sentido, la transformación conceptual de aspectos como la sexualidad y la intimidad pueden servir también para abordar el estudio de las reconstituciones familiares que ocurren en nuestra sociedad. De este libro, mi reseña se centra en el capítulo sobre la codependencia y su significado sociológico.
Ficha
Giddens, Anthony. “El significado
sociológico de la codependencia” en La transformación de la intimidad:
Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas (1992). España:
Cátdera, 85-104.
Reseña
Anthony Giddens es un psicólogo y
sociólogo inglés nacido en 1938. A partir de su teoría de la estructuración, con la que propone conocer, de
manera holística, las relaciones entre los individuos y las condiciones
que los rodean, Giddens ha contribuido en gran medida a reconfigurar el debate
sobre las principales ideas y estructuras políticas de la sociedad moderna.
Su producción académica puede agruparse,
por mera utilidad didáctica, en tres grandes etapas: La primera en la que
redefine algunos aspectos fundamentales de la teoría social clásica, abordando
a los padres fundadores de la ciencia social: Marx, Durkheim y Weber. Entre sus
libros más representativos de esta primera etapa pueden señalarse El
capitalismo y la teoría social moderna (1971) y Las nuevas reglas del
método sociológico (1976).
En su segunda etapa, Giddens
desarrolla y consolida su teoría de la estructuración. Ésta percibe al
individuo como parte de la estructura social que lo contiene y reconoce que
éste condiciona y moldea dicha estructura, a la vez que la propia estructura
social moldea la conducta humana. Quizá su texto más representativo de esta
etapa sea La constitución de la sociedad (1984).
Una tercera etapa inicia en la
década de los noventa con sus obras Consecuencias de la modernidad (1990),
Modernidad e identidad del yo (1991) y La transformación de la Intimidad (1992). En este periodo Giddens se
centra en analizar las consecuencias de la modernidad sobre las relaciones
sociales, además de que construye su concepto de intimidad a partir de estos
textos, en los cuales va ampliando y profundizando el significado y alcances de
este concepto (Guevara, 2007).
La transformación de la
intimidad; sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas
(1992) es un encuentro con el rostro detrás de las relaciones de las sociedades
modernas. Infidelidad, codependencia, pasión, sexualidad y amor en sus
múltiples formas. El libro consta de diez capítulos, de los cuales “El
significado sociológico de la codependencia” es su capítulo sexto. Pero, ¿cómo llegar a hablar Giddens de la
codependencia en un trabajo sobre la intimidad?
El propósito inicial del libro
pretendía girar en torno al fenómeno de la revolución sexual. Sin embargo, éste
se encuentra permanentemente condicionado a múltiples factores sociales,
biológicos y culturales. “Me puse a escribir sobre sexo, y me encontré
escribiendo también sobre amor y sobre los comportamientos específicos de los
hombres y de las mujeres” (Giddens, 1992: 11).
“La
codependencia se ha convertido en un lugar común de la literatura terapéutica”
(Giddens, 1992: 85). Ésta no se limita únicamente a las mujeres, aunque
describe mayormente lo que alguna vez fue identificado como “el papel de la
mujer en la sociedad”. Las relaciones íntimas y amorosas en las sociedades
modernas están llenas de dinámicas de codependencia que ocurren, incluso, sin
que seamos conscientes de ellas. Ahora bien, para abordar el tema de la
codependencia es necesario identificar qué es, cómo la percibimos y cómo se
manifiesta en las sociedades modernas.
1.- La naturaleza de la
codependencia
El término “codependiente” surge a
partir del contexto de los individuos en proceso de rehabilitación en su lucha
contra el alcoholismo. En los primeros grupos de alcohólicos se descubrió que
en el alcohólico, no sólo su adicción química a la bebida lo hace depender de
ella, sino que son también sus propias relaciones personales e íntimas las que
actúan como facilitadores de las dinámicas codependientes. No sólo afecta al
alcohólico el ambiente familiar o doméstico en el que se desenvuelve; la
dependencia del alcohólico a la bebida, afecta también el propio ambiente
doméstico y las relaciones que en él se suscitan. Los sujetos alrededor del
alcohólico se vuelven “dependientes de la dependencia del adicto” (p.86).
El término que originalmente se
acuñó para referirse a estos sujetos fue el de “capacitador”, que fue
sustituido por el de “codependiente” cuando se evidenció clínicamente que éste
podría sufrir, tanto o más, que la persona con dependencia química.
Giddens
define a una persona codependiente como “alguien que, para reforzar
cierto sentido de seguridad ontológica, necesita otro individuo o conjunto de
individuos para definir qué es lo que él o ella desean” (p. 87). Una relación
codependiente sería aquella en la que una persona queda ligada a otra -su
amante, su madre, su hijo, su jefe o algún amigo- por medio de la cual define y
determina el propio sentido de su existencia. En una relación codependiente se es, en función del otro.
En estas relaciones, definidas por
Giddens como relaciones fijadas, destaca la importancia de que en ellas
se producen hábitos en el comportamiento social. Estas prácticas de
codependencia social: 1) no permiten el control de la relación entre el yo y el
otro; 2) sumergen la identidad del yo, en el otro o en rutinas fijadas; 3)
inhiben la apertura hacia el otro, fundamental para la construcción de la
intimidad; y 4) tienden a preservar la desigualdad en los roles de género y las
prácticas sexuales (Giddens, 1992: 88).
De igual manera, estas relaciones
impiden la exploración reflexiva del ser, atan la satisfacción del individuo a
una imagen simbólica del otro, a un “becerro de oro” que constituye la base de
todo sentido individual y social.
A través del trabajo terapéutico
desarrollado principalmente por Susan
Forward, se sabe que el tratamiento de la codependencia es similar al que se
utiliza para tratar el alcoholismo. El reconocimiento del problema y la exploración
reflexiva del yo permiten al paciente reaccionar ante la
situación y “hacer algo al respecto”.
2.- La adicción y el
problema de la intimidad
Identificar los factores que
contribuyen a la codependencia en el ser humano es bastante complejo, sobre
todo si se toma en cuenta que ésta, como lo expresa el propio Giddens, está más
vinculada a un tipo específico de personalidad, más que a una relación en
particular.
Por tanto, las actividades en los
círculos de autoayuda encaminadas a tratar la codependencia implican abstraerse
del círculo que la origina, un proceso que conduce al yo y su reflexividad.
3.- Intimidad,
parentesco y paternidad
La expresión de la intimidad
adquiere especial relevancia cuando una pareja se consolida como una familia y
establece lazos, al menos en apariencia sólidos, a través de relaciones
duraderas. Las dinámicas que se dan al interior de un núcleo familiar son
dominadas por luchas, en ocasiones inconscientes, en la búsqueda de poder.
Las dinámicas a través de las
cuales se asume -tanto en hombres como en mujeres- que las actividades de la
mujeres deben circunscribirse a las labores del hogar y la crianza de los
hijos, mientras que las de los hombres pueden ser de libre elección y se basan,
fundamentalmente, en su rol de proveedor en el hogar, constituyen formas de
expresión de los hábitos codependientes. Estos hábitos desempeñan un papel
esencial para la estabilidad de la propia familia, el desarrollo de la
personalidad y la crianza de los hijos.
Los estragos que genera la codependencia
afectan, por igual, a familias intactas y a familias denominadas por Giddens “recombinantes”,
así como a cualquier otra forma de organización familiar o grupal. La figura de
los padrastros y las madrastras, por ejemplo, son elementos que ramifican el
parentesco entre los individuos de una comunidad y complejizan las relaciones
familiares y la forma en que éstas son concebidas. Así pues, la calidad de
estas relaciones familiares será la base para la consolidación de la confianza
entre los miembros de un grupo, fundamental para la exploración reflexiva del yo y la construcción de la propia
intimidad.
4.- Padres e hijos
En la intimidad de los hogares de
las sociedades modernas, las relaciones de poder ocurren no sólo entre los
miembros de la pareja sino, a la vez, también entre padres e hijos. En un
ejercicio practicado por la terapeuta Susan Forward sobre Nicki, una
mujer joven que había tenido dificultades en su matrimonio, se pretendió “regresar
a liberar el pasado” para conciliar las antiguas experiencias que pudiesen
limitar la realización efectiva del yo, tan
relevante para el logro de la intimidad.
Ya que Nicki se sentía molesta y humillada en su propia relación, el
terapeuta le pidió que recordase incidentes de su infancia que le hiciesen
sentirse de forma semejante. Nicki
recordó uno en particular asociado con la influencia que ejercía su padre sobre
ella. “Su padre deseaba que ella tocase bien el piano y aunque ella no estaba
interesada en ello, luchó duramente para agradarle. Cuando tocaba para otras
personas, sentía mucha ansiedad y su nivel bajaba. En un recital se puso tan
nerviosa que omitió toda una sección que debía ejecutar. En el camino de
regreso a casa, tras el recital, su padre le dijo que después de este desastre
no sabía cómo podría ser capaz en lo sucesivo de mirar a la cara a los
espectadores” (p. 96).
La destrucción de la confianza y la seguridad ontológica de la pequeña Nicki, no obstante que ésta haya sido o
no a propósito o con maligna intención, repercutió en la construcción de la
intimidad y, eventualmente, en el pleno desarrollo de las relaciones adultas de
Nicki.
La terapeuta le pidió imaginar que
su padre estaba sentado en un sillón frente a ella y que le dijese las cosas
que ella siempre había deseado decirle. El resultado fue explosivo. Nicki evacuó el resentimiento reprimido
que guardaba hacia su padre: “¿Cómo te atreves a tratarme así? ¡Hijo de puta!
Yo hubiera hecho lo que fuera por conseguir que tú me quisieses un poco” (p. 96).
La revisión de este caso clínico
sirve para ejemplificar el viaje psicológico que implica el reajuste emocional
y cognitivo del pasado y la reescritura en la comprensión del yo. Por tanto, el reconocimiento de la
intimidad representa aquí un elemento imprescindible en la construcción de
relaciones armónicas, libres de la pesada carga de la codependencia y alejadas
de las constantes luchas de poder que sólo refuerzan la dicotomía entre los
roles de género.
5.- ¿Padres tóxicos?
La afirmación, aunque envuelta en
signos de interrogación, es una severa crítica al ejercicio de la parentalidad
predominante en las sociedades modernas. En efecto, lo que sucede en la niñez
de los individuos condiciona el ejercicio de la ciudadanía de todos los
sujetos. Y, por supuesto, nadie está exento de saltarse esta etapa. En este
sentido, concebir la infancia como “algo que prepara a alguien para una
participación ulterior más autónoma en el mundo de los adultos” (p. 99)
adquiere relevancia mayúscula cuando de parentalidad se trata.
A lo que Giddens se refiere cuando
habla de padres tóxicos es al alto grado de daño que pueden causar en el
desarrollo de la personalidad de sus hijos. “Los padres tóxicos tienden a ver
la rebelión e incluso las diferencias individuales como un ataque personal; se
defienden a sí mismos mediante el refuerzo de la dependencia a sus hijos y la
desprotección; en lugar de promover un desarrollo sano, lo zapan
inconscientemente, muchas veces con la creencia de que están actuando por el
bien de sus hijos” (p. 100).
Existe una gran variedad de padres
tóxicos, identificados por Forward y rescatados a este texto por Giddens. En un
primer grupo podemos ubicar a los “emocionalmente inadecuados”, padres que no
han sabido educar a sus hijos y que se han desentendido de las responsabilidades
inherentes a su parentalidad; y a los padres controladores, en los que los
sentimientos y las necesidades del hijo están subordinados a los deseos del
padre.
Otro rubro comprende los tipos más
brutales de toxicidad parental: agresores físicos, verbales y sexuales.
Generalmente padres con problemas de ira, consumo de drogas o alcohol y una
profunda lista de perversidades que los hace atentar contra la propia
integridad física y sexual de sus descendientes.
Las relaciones personales y,
fundamentalmente, las relaciones familiares, influyen de manera decisiva en la
construcción de la personalidad de todos los sujetos. Una percepción mutilada
de la intimidad, del amor o de la confianza, puede acrecentar el vacío de
seguridad ontológica en los adultos de las sociedades modernas. Por ello, el
reconocimiento del yo y la
experiencia de la intimidad son procesos que, tanto en la etapa de la niñez
como en las relaciones de la vida adulta, se construyen constantemente.
La intimidad no es una expresión
inmutable del ser, ni tampoco un acontecimiento que ocurre una única vez en la
vida. Su transformación en los escenarios de la modernidad está directamente
ligada a la percepción que mujeres y hombres tienen sobre el amor, el
matrimonio, la familia. Así, la codependencia es tan sólo una de las formas mal
logradas en que esta intimidad, la sexualidad o el amor se expresan.
En La transformación de la Intimidad, Giddens introduce el tema de la
familia como un espacio de relaciones esencialmente íntimas, dejando atrás la percepción
de la intimidad como exclusiva de las relaciones eróticas o de amistad.
Ya que la intimidad implica la
construcción de la autonomía, la reciprocidad y el equilibrio de poderes entre
hombres y mujeres, se vuelve indispensable establecer, en estas relaciones
personales, lazos de unión, apertura, confianza y sensibilidad que permitan el
equilibrio entre dos o más sujetos autónomos. “Las relaciones de intimidad son,
por lo tanto, la antítesis de las relaciones adictivas, codependientes o
individualizadas que la modernidad también promueve” (Guevara, 2007: 269).
La
intimidad se construye y, en el entretejido de las relaciones íntimas, las prácticas
y los discursos sobre sexualidad, amor, matrimonio y familia se vuelven esenciales
en la formación de la propia identidad. La revisión de la codependencia
constituye, pues, un enfoque para entender en términos sociales la expresión de
las relaciones en las sociedades modernas.
Bibliografía
Giddens, Anthony (1992). “El significado
sociológico de la codependencia” en La
transformación de la Intimidad: Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades
modernas. España: Cátdera, 85 – 104.
Guevara Ruiseñor, Elsa S. (2007) “Intimidad. Los
vínculos amorosos y los desafíos de la modernidad” en Sociología y cambio conceptual: De la burocracia y las normas al cuerpo
y la intimidad. México: Siglo XXI Editores, 248 – 290.
Texto original
09 de septiembre de 2014
Colima, Col.
Miguel Aram Martínez Guzmán
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